12 Feb
Cielo Cian

Su organismo no responde adecuadamente, parece estar escaseándole algo, algo vital para mantener activo su corazón.

¡Una Gran Explosión! Ese acontecimiento se cobrará a muchos civiles, sabe ella, «pero que importa». Cielo es muy perspicaz, sabe que tras oír aquel lejano estruendo, vendrá una agradable sensación revitalizante. «Se siente como si tomara aire luego de estar mucho tiempo bajo el agua», diría algún extranjero.

La mocosa ha encontrado la forma de llegar previamente a la ubicación de cada hecho, sabe dónde se ejecutarán las próximas desapariciones. «¡Lo encontré!». Es una bruma, la culpable de las desapariciones es una espesa bruma color cian. «¡Hay personas dentro! ¿Serán las próximas víctimas?», se pregunta, maravillándose en la impaciencia por lo que puede apreciar. Se acerca un poco. Para tener apenas ocho años, sus pasos son firmes, seguros. No le asusta creer que si la niebla la rodea, ella también podría ser una víctima a desaparecer. En los genes de esta chica existe una pasión científica heredada de su padre, se supone que ese es el motor que la mueve a inmiscuirse en estos eventos de peligro que la mandataria local ha prohibido de apreciar.

Un grupo de soldados. «¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes? Estamos ante un ataque internacional, tiene sentido». Cielo se pregunta si la espesa bruma se debía a algún armamento de alguna potencia del mundo. Para ella es lógico, después de todo, su poblado tiene el recurso más preciado del planeta. «Se supone que si el principal recurso de vida está en peligro de escases, es conveniente que esa bruma se lleve a la mayor cantidad de civiles». Se da cuenta que la situación es aún más seria de lo que siempre cree. Debería ya salir de ahí y volver a su casa.

En su hogar, su padre no para de caminar de un sitio a otro, casi en círculos, mientras oye las noticias locales en un receptor de radio. "Mi pueblo querido, habitantes amados. Ruego a todos ustedes, por sus vidas, por vuestra subsistencia, mantenerse al margen de las anomalías que puedan observar", advierte la mandataria del poblado. "Permanezcan en sus hogares, prometo que pronto todo esto pasará". Pese a estos llamados de tranquilidad, los habitantes no comprenden como es que su gobernante envuelve la realidad de la situación en un misterio.

—Lo vi, papá lo vi. ¡Es una niebla! La niebla se ha llevado a las personas —interrumpe, hablando con un volumen por encima del artefacto.

Su padre no le cree una palabra, tampoco se ha percatado que la niña, de alguna forma, ha llegado a casa un poco antes al horario de salida escolar.

— ¿Una niebla que desaparece a la gente? Hija, estás exagerando —dice Saturnino.

La reputación que trae Cielo con respecto a fabular historias siempre le ha jugado en contra. Sin embargo, las noticias que informan los medios de comunicación mantienen a este padre preocupado. «Un poblado como el nuestro, que pudo repeler sin bajas dos intentos consecutivos de invasión del primer mundo, no es normal que debamos temer o escondernos de algo». La mandataria local es una persona fuerte, resistente, impetuosa, «ella fue quien peleó junto a nosotros, fue ella quien llamó a todo ciudadano a combatir, a defender estas tierras en aquel momento. ¿Quedarnos en nuestras casas y sólo esperar? ¿Cómo podría incitar a actos que ella misma consideraría tan cobardes?», al parecer a Saturnino no le conforma la idea de quedarse en su hogar.

Ha pasado un día. «¡Al fin viernes!» Celebra Cielo para luego decaer al recordar que mañana es sábado y la mandataria ha sumado también ese día a la jornada escolar. En la escuela cada vez veía menos rostros de amigos, ya no le agradaba ese lugar. Su padre se alista en averiguar el origen de lo que viene sucediendo, muchos habitantes ya no aguantan saber que tantas caras conocidas no vuelven a ser vistas tras salir de sus casas en horarios diurnos. La mandataria ya no puede contener a cada civil que se abalanza por respuestas. Todo el pueblo está enterado del tema, de lo que ha estado transcurriendo durante todo un año -o quizás más-, las desapariciones cada día son mayores, ya no pasan desapercibidas por nadie. Esta sólo se limitó en recomendar a todos refugiarse y únicamente esperar que la situación se normalice, mientras tanto más presencias se desvanecían.

Son las cinco de la tarde, Cielo corre de su escuela, se escabulle como lo ha hecho últimamente, escapa. Según el último decreto de la mandataria, los alumnos deberían permanecer allí hasta las diez de la noche. «Será una tortura para nuestros queridos infantes, extender sus horarios en la escuela, pero esta, es la única forma de resguardar a cada menor de lo que está ocurriendo», dijo la gobernante, dejando saber que todas las victimas que han desaparecido tras oír una Gran Explosión, lo han hecho desde lugares abiertos como las calles, y en horarios diurnos hasta la noche. «Al fin papá me creerá».

—Papá. No me creías pero tengo la prueba. ¡Mira esto! ¿Papá?

La casa está vacía, en tanto lo espera saca su dispositivo móvil y se pone a observar la prueba que tanto pregonaba, una recopilación de grabaciones en video que había captado durante toda la semana sobre la niebla color cian. Los videos registraron una combinación de vapor que perduran por unos cuantos minutos. Se muestra un juego de colores escalofriante y al mismo tiempo hermoso si reproducen el video a mayor velocidad. La velocidad rápida expone como el vapor se condensa en una bruma de un color cian, se entremezcla con las tonalidades de la ropa y de la biología de las personas involucradas. Un juego de colores que dan a entender la desatomización de cada individuo, luego esa bruma se esfuma, y ya, no queda nada. Esa bruma, ¡esa neblina estaba desintegrando a las personas!

Con la cantidad de veces que había visto ese video, ya le causa cada vez menos escalofríos. Ya le aburre reproducir esto una y otra vez en espera de su padre. «¿A dónde habrá ido? Qué raro». La radio se encuentra encendida. Otra vez la transmisión se interrumpe por otro aviso de la mandataria. «No dice nada en concreto, a esta señora le gusta mucho hablar». A la chica ya le tiene harta esta mujer, esperaba que dijera lo que ella sabe, que expresara algo sobre la desatomización de personas. En la noche la mandataria da un aviso a la población, reclama calma, llama a cada habitante a que en el día siguiente, nuevamente, no salir de su hogar. «Y pensar que papá es muy devoto a esta señora, no se da cuenta que esta mujer nos quiere matar».

Ha pasado la noche, ya es la mañana del sábado, y su padre no ha regresado. Gradualmente, cada vez más personas influyentes están desapareciendo del pueblo. Para Cielo tenía sentido, Saturnino, era un científico muy valorado en el pueblo. "Habitantes queridos, pueblo querido. Esto es sólo una tormenta, dejadla pasar, sólo un día, quizás menos. Les prometo, que mañana será una jornada mejor. Mañana cesará todo, lo prometo, encontraré para ustedes la solución. Sólo un día. De estos estruendos, de estas explosiones, desde mañana, ya no se oirá nada más", al oír esto Cielo chirria sus dientes. No hay duda, la niña debe ir de inmediato al municipio.

«¿Qué día es? ¿Me he dormido?» Creerá Cielo que ya es domingo, pues observa su reloj y ve ser las cuatro de la tarde. Ella no ha sido despertada por ningún estruendo de ninguna Gran Explosión. Entonces, para ella ya es domingo. «Lo que dijo la mandataria se cumplió, hoy es el día en el que todo cesó».

Sale al exterior y lo puede apreciar. Una tonalidad de cielo diferente a como lo recordaba, ahora podía apreciarse teñido en cian. Vehículos extravagantes circulando por las calles, tecnología a su vista aparentemente complicada. «Estoy, estoy fuera de mi pueblo».

—Habitantes queridos...

«¡Ay no! Esa voz. No otra vez, ya no la quiero escuchar. ¿Y de dónde proviene? No veo un receptor de radio cerca».

Cielo empieza a recordar. «Se supone que, esa mujer, no debería estar viva. Ella confesó que por esa bruma hizo transitar a mi padre. Luego yo la arrojé ahí dentro, o se dejó caer. Como sea debería estar ahora desatomizada, así la maté, lo recuerdo».

La viva voz de la mandataria continúa su discurso...

—Como se los prometí, ha llegado para ustedes el nuevo orden mundial. Al aliado todo, a ustedes todo. Esta nueva tierra, este nuevo hogar, es para ustedes. Esta nueva realidad es toda para ustedes. Los recursos del viejo mundo ya se deben haber extinguido, ese mundo ruin habrá perecido. Aunque, en esta nueva tierra, hay suficientes recursos para cada persona. Hoy es un nuevo día, hoy dimos juntos un paso hacia el futuro.

«¿Dijo futuro? ¿Lo dijo literal?».

—Este nuevo comienzo lo crearemos junto a quienes aporten a la construcción. Esta vez cuidaremos los recursos, esta vez habrá paz. En esta nueva tierra no existirá ni blanco ni negro, hoy todos vestimos el mismo color. En esta nueva era ya no habrá que recurrir a una Gran Explosión.

Cielo se percata que este pueblo, tiene demasiada similitud al suyo, pero que tampoco parece ser el suyo. Parece ser el pasado, o el futuro de su pueblo.

Corre por las calles, nota un nuevo ambiente. No obstante, de las personas que vio hasta el día de ayer, no encuentra a ninguna. «¡Los exterminó a todos!», creería ella, hasta que...

— ¡Cielo! Estás aquí.

Personas que no veía hace bastante ahora se reflejan en su pupila, ahora están aquí.

— ¡Papá! ¡Mamá!     

De a poco empieza a ver rostros de sus compañeros de escuela. «¡Están todos! Todos los que llevaba tiempo sin ver». Personas que supuestamente han desaparecido. «¿Qué sucede? ¿Por qué están aquí? Entonces, ¿nos desatomizó a todos para transportarnos a este entorno?». No, no era eso. La mandataria habría creado un nuevo imperio, en el que sólo eran dignos quienes compartan su ideal y su concepto de la verdad. A quienes Cielo no volvería a ver jamás, serán a quienes nunca desaparecieron. De alguna forma, ella y su familia son afortunadas de estar ahí, aunque no pensaran igual a quien lideraba la región.

Viviendo en este nuevo entorno, Cielo siente representar una pequeña cuota de oscuridad en pleno día. Más bien, se siente un equivalente de la pequeña esfera del Yang habitando dentro del Yin.

FIN.

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Matías R Cisneros.

12 de febrero de 2019.  

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